Crear esclavos

¿Se siente prisionero un árbol?… ¿Y una espiga?… Tal vez por ello las flores sean tan efímeras… ¿A causa de la tristeza?… ¿Conocerán la libertad por fin las hojas al volar sobre el viento o los frutos maduros al caer por su propio peso?…

Yo tuve un periquito al que dejaba salir de su jaula; un día de verano (recuerdo que hacía un sol de justicia), se largó por la puerta llevado de su curiosidad y se lo comió un gato. El resto de aquellos que le sucedieron siempre permanecieron encerrados y se murieron de viejos cantando bien alegres… O quizá sus trinos fueran una queja viendo volar sin trabas a sus congéneres… ¿Se lamentaban, acaso, de su cruel destino?…

Los seres vegetales no se mueven y no protestan … O no los oímos… Y a las aves las encerramos para escuchar sus cantos… ¿de alegría?… ¿de pena?… Nada parece que exista si no nos damos cuenta… Sin embargo, los humanos vamos de aquí para allá moviéndonos de forma frenética, y nos alejamos, y volvemos, o no… Pero siempre rezongamos de nuestra falta de libertad: atados a un trabajo, a unos estudios, a unos compromisos, a unas obligaciones… No hay suficiente aire para calmar tanta ansiedad. Tal vez, porque me falta tiempo, se me mueran las plantas en las macetas…

En cambio, mi perro parece feliz y está continuamente aquí, pegado a mí, va donde yo voy, hace lo que le digo, y solo parece triste cuando me marcho y lo dejo encerrado y solo, pero, cuando regreso, me recibe con grandes muestras de alegría y cariño. Antes se me escapaba cuando nos cruzábamos en los paseos con alguna perrita en celo, aunque eso ya no ocurre desde que le intervino el veterinario… A veces me pregunto si lo que le hicimos estuvo bien porque a mí no me gustaría que me hicieran lo mismo… ¿De verdad es más libre ahora?… Él no lo ha decidido.

Sin embargo, pensándolo bien, los árboles sí que se mueven, y las espigas… ¡Crecen hacia arriba! Y engordan, engordan hasta romper y ocupar todo lo que les rodea. Y surgen más ramas de las cuales brotan flores que hacen el amor con las abejas, mariposas, todo tipo de insectos y algún que otro pajarillo… Y de ellas nacen frutos que cuidan semillas en sus vientres que, al madurar, liberan para que de aquellas broten nuevas vidas. Y los animales corren, vuelan, se deslizan o nadan huyendo de nosotros y de nuestras jaulas, o peceras o vitrinas o correas o barrigas… Nosotros, que les impedimos que se multipliquen y que cumplan su destino pensando que hacemos lo correcto.

Una vez, de pequeño, tapé un hormiguero con un puñado de tierra, y las diminutas obreras que llegaban cargadas de alimentos, los dejaron en el suelo y comenzaron a quitar los pequeños granos, que para ellas serían enormes rocas, hasta dejar abierta la puerta de su hogar… Luego recogieron su cosecha y volvieron a la rutina de cada día, de cada hora, de cada segundo, de todo el infinito… Y nosotros, ¿qué hacemos?… ¿Cuál es nuestro destino?… ¿Es, acaso, rehacerlo todo a nuestra imagen y semejanza?… Puede que por eso solo sepamos crear esclavos ya que nosotros lo somos, sin darnos cuenta, de nuestra propia desazón.

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