Bocetos.

(Con dibujos de Patricia Cruzans Cruzans)

Crecí escuchando el uniforme aforismo que, como un mantra emblemático de la resignación, se repetía con una frecuencia de martillo: “la vida no es justa”, hasta que se me quedó incrustado en lo más profundo de mi personalidad. Pero ahora, cuando tan solo me queda la esperanza de amanecer cada día, me he dado cuenta de que algo no es necesariamente cierto por mucho que se repita.

La vida no entiende de justicia, la vida no sabe de desafueros, nada le preocupa, a nada teme y por nada se interesa porque simplemente es una esencia que se desvanece con el paso del tiempo y no se puede retener por mucho que cierres los puños.

Cierto que hay existencias tan largas que llegan a carecer de sentido, esas que ya ejecutaron su cometido en un pretérito que apenas se vislumbra y que solo se entienden en ese pertinaz aferrarse a la penúltima aspiración de aire, en esa obstinación a dejar de ser. Estas, cuando se apagan, dejan paz, sosiego y la firme convicción de un camino aprovechado o de un destino, a su manera, cumplido.

Cierto que hay existencias tan cortas que parecen un desvarío, esas que lo dejan todo en un mero proyecto, bocetos repartidos y aplazados en ese mundo subjuntivo donde lo condicional y el deseo juegan sus partidas de naipes al número más alto. Estas, cuando se cortan, dejan vacío, estupor, zozobra y consternación, mientras esos esbozos de futuro se emborronan llagando el presente de quienes no poseen la gracia del olvido.

Pero a la vida tanto le da unas que otras. Es más, aunque desapareciéramos, la vida seguiría existiendo.

Y es que la equidad de la vida no tiene nada que ver en este juego de azar, en este capricho de la fortuna. La vida es el agua en la que nos sumergimos al nacer y de la que escapamos, todavía empapados, con la muerte, y ella continuará indiferente con su oleaje de océano absoluto.

Y de nuestro paso quedarán átomos errantes en la inmensidad del vacío, plancton de recuerdos para alimentar algunas mentes nostálgicas hasta que nos sigan en el camino. Esas son nuestras huellas. Eso es lo que habremos sido.

Pero es lo que queda y de lo que me sustento. Es lo que me recuerda que algún día fuiste, porque allá donde miro descubro bocetos de tu imposible futuro y composiciones de tu invocado pasado, ya que tus pasos aún reclaman ecos de tu presencia, mientras tus ilusiones todavía aletean ante los cristales de unas ventanas que ya no se volverán a abrir.

Fuiste y la brusquedad de tu ausencia abrió una herida que el tiempo se encargará de restañar. Sí, pero duele.

Y aunque mis proyectos hace años que fueron perdiendo sus pétalos y su brillo, los tuyos todavía siguen pidiendo luz, aire y alimento.

No, no voy a invocar a la resignación proclamando que “la vida no es justa”. No, no voy a perder las horas en lamentos nada productivos. No… Simplemente me aferraré a la esperanza de ver amanecer una vez más para que sigas existiendo en mí.

Un comentario en “Bocetos.”

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