¡Esto es un caos!

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Si formulase la pregunta: ¿qué es el “caos”?, seguramente, la mayoría de las personas respondería sin dudarlo: “el caos es lo contrario al orden”, lo cual, sin dejar de ser correcto, no es del todo exacto.

Cuando pensamos en el “orden” siempre lo hacemos desde un punto de vista personal fruto de un cúmulo de elementos: educación, aprendizaje, moralidad, sentimientos emocionales, etcétera, específico y particular de nuestra idiosincrasia, con lo cual ya dejamos de coincidir con millones de perspectivas, lo que da como resultado que no todo el mundo tenga la misma idea de lo que es el “orden” sino que cada grupo social, incluso me arriesgaría a especular que cada persona, tiene la suya propia.

Entonces, sería lógico pensar que tampoco tengamos la misma visión sobre el “caos”

La palabra “caos” procede de la latina “chaos” y ésta de la griega “χάος” que significaba: ‘abertura’, ‘agujero’ y, según el Corominas: ‘espacio inmenso y tenebroso que existía antes de la creación del mundo’, en el que se basaría la primera acepción de esta palabra en el Diccionario de la RAE: “estado amorfo e indefinido que se supone anterior a la ordenación del cosmos”. Sin embargo, en su origen, su significado primigenio era el de ‘lo impredecible’, lo cual nos lleva hacia la ‘confusión’, pues no hay nada más inquietante para los humanos, y que al mismo tiempo les atraiga más, que lo ‘aleatorio’, donde frenéticamente buscamos interconexiones subyacentes entre sus diferentes sucesos, de ahí el éxito de las apuestas y del juego.

Es propio de la humanidad poseer una gran variedad de opiniones sobre un mismo concepto, sin embargo, para algunos sectores esto ya es de por sí, si no el propio “caos”, el germen que conduce a él, y predican el pensamiento único, la idea primitiva e irrevocable, la palabra irrefutable y el dogma, cuya trasgresión es digna del fuego eterno… Pero, descontando algunas personas crédulas o de mente perezosa y un más elevado número de almas movidas por oscuros y ocultos intereses, suelen producir el efecto contrario, pues no hay nada que más aliente a las rebeliones que las imposiciones.

Por lo que podríamos preguntarnos, ¿es el “caos” otra forma de “orden”?…

El caso es que nos empeñamos en crear una sociedad totalmente basada en el equilibrio, algo realmente difícil y, en cierto modo, no exento de hipocresía, pues si por un lado la queremos ordenada y reglada, a imagen y semejanza del pensamiento de quienes nos dirigen, por otro, tenemos la impresión, si no la certeza, de que nada depende de un guion establecido, sino que todo está en manos del azar y que la ecuación “causa = efecto” puede ser un fenómeno básicamente estadístico, pero no al cien por cien riguroso, pues es posible que llegue un momento en que la misma “causa” deje de producir el mismo “efecto”, o que el “efecto” sea el que produzca la “causa”, y así sucesivamente en un círculo cerrado sin solución.

Si el ser humano ha buscado en la Naturaleza, sobre todo los más sabios, el ejemplo en que basarse para crear las leyes inmutables, ya pueden ir repasando todas sus teorías porque no hay nada más mudable que ella, en la que cualquier pequeño cambio puede crear inmensas alteraciones… Que nos pregunten últimamente. si no, a los sufridos habitantes del litoral mediterráneo… ¿No les recuerda esto al “efecto mariposa”? …

Por supuesto que se puede refutar lo que estoy diciendo, como bien lo harían Newton, Laplace o Einstein, tres de los grandes sabios deterministas, cuyas leyes físicas siguen estando en pleno vigor y quienes suscribían la teoría de que “el universo funciona como un reloj, donde no existe lugar para el azar y donde todo está determinado inexorablemente por las eternas leyes de la naturaleza. Esto implica la posibilidad de poder predecir cualquier situación”. Una teoría bastante exacta según sus resultados estadísticos, pero no infalible, pues avanzando por los vericuetos del conocimiento, cada vez que abrimos una puerta, nos encontramos varias más cerradas, y lo que ayer era indiscutible, seguramente mañana será una pequeña chapuza, solo hay repasar la historia. Pero el hecho de que un planeta gire alrededor de su sol a ciertas velocidad y distancia no es un acto eterno ni inmutable, pues con una leve modificación en ellos mismos o en el entorno, todo puede variar, hasta que un día ese sol desaparezca y, con él, todo lo que le rodea. De igual forma, los humanos somo impredecibles y nada garantiza que al mismo impulso respondamos con el idéntico resultado.

Sí, es cierto que somos animales sociales y que para poder crear una sociedad que funcione debemos darnos esas interconexiones subyacentes entre nuestros sucesos aleatorios que denominamos leyes, o normas, o reglas, pero, no nos equivoquemos: estas no son ni inmutables ni sagradas ni, tan siquiera, inviolables y, mucho menos, debemos confundir las leyes con la justicia, pues si las primeras son convencionales, es decir, “establecidas en virtud de precedentes o de la costumbre”, pueden variar según vaya evolucionando esa sociedad y deben ser adaptadas a las nuevas circunstancias, o si, por el contrario, son dictadas por decreto de los legisladores de turno, no nos quedará más remedio que acatarlas por imperativo categórico y esperar que lleguen otros y las cambie, y así sucesivamente. Sin embargo, la justicia, ese “derecho moral que lleva a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece, por rectitud, razón o equidad”, es otra cosa y ella debería ser consustancial a cada ser humano y estar por encima de las leyes dictadas por un hecho casual y aleatorio, pero, como ya sabréis, se la pasan continuamente por el forro, cuando no por las armas, en beneficio de lo que sea, aunque nunca, curiosamente, en favor de la dignidad humana. Y es que hay quien vive de crear problemas, aunque les paguemos por arreglarlos…

Entonces, ¿podríamos preguntarnos si es el “orden” otra forma de “caos”?…

En fin, el caso es que cuando alguien dice: “Este mundo es un caos”, o cualquier expresión similar, no está diciendo nada más que una evidencia, tanto si hablamos de imponer el “orden” como de abandonarnos al “caos”. Todo en el universo, a fin de cuentas, cambia constantemente desde que surge hasta que desaparece, y esta es la única ley que todavía no tiene visos de ser indiscutible.

Claro que aquí pondrán el grito en el cielo los inmovilistas, pero yo solo les aconsejaría que, de vez en cuando, se vayan mirando al espejo.

Si hasta Einstein aseguró que el tiempo era relativo…

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